29 de febrero de 2012

MICROCUENTOS PORQUE SÍ

Los microcuentos, también llamados microrrelatos, minicuentos o hiperbreves, son textos que narran historias de forma condensada.
Ya lo decían los clásicos: la brevedad es la madre del ingenio.
Augusto Monterroso, el gran maestro del hiperbreve, dice:"Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos, largos textos en los que la imaginación no tenga que trabajar". Parece que no valora su trabajo, pero la clave está en la imaginación. En los relatos breves, brevísimos hay que reconstruir, hallar, descubrir. 
Los microrrelatos están "pulidos como una sentencia, como una piedara devuelta por el mar, los relatos mínimos se asemejan a la fotografía, al haiku, al poema. Aunque parecen sencillos de escribir, su minúscula composición exige pericia, un oficio impecable, economía, máxima tensión" (Clara Obligado: Por favor, sea breveAntología de relatos hiperbreves, Páginas de Espuma). Lo breve no significa falta de trabajo, la novela más ligera de palabras no siempre es el más fácil de leer; ni el poema más breve, el más fácil de entender. 

Estos días hemos leído algunos y hemos compuesto otros tantos, quizá sin tanto oficio o tanto ingenio, pero lo hemos intentado, y ahora adornan las paredes del aula. 

Aquí algunos de vuestros microrrelatos (1º Bach A). De mayor a menor:


EXASPERACIÓN

Estábamos bien, mejor que nunca. Teníamos una buena relación. Todo era perfecto. Y de repente me deja. Me quedo sin ella, sin ningún motivo aparente. Cuando más la necesito, se fuga. Se escapa. Corre e intento atraparla. Pero es más rápida, más ágil y se esconde donde sabe que no puedo encontrarla. "¡No! ¿Por qué me abandonas ahora?". Me deja desamparada, sin rumbo. Reniega de mí. ¡La odio! ¡Vuelve! Eres todo lo que me queda, la única que me puede ayudar, resucitarme de esta muerte súbita. Y ruego que vuelva. Se lo pido al cielo. La necesito para escribir un microrrelato, y no tengo ni idea sobre qué hacerlo. ¿Dónde estás, dónde te metes maldita imaginación?

Roxana 


HUIR, HUIR...

Agustín, aparentemente un hombre poco abierto a los demás, estaba casado con Diana, una mujer bellísima y amable, capaz de seducir a cualquier otro hombre. 
Agustín, no conforme con tal trofeo, se buscó otra pretendienta, Carolina. Esta se creía única en la vida de Agustín y planificaba viajes y otras actividades para estar con él.
Las dos mujeres se enteraron de su situación con Agustín, al que no le quedó más remedio que huir, huir...
Victor S. 





FLECHAZO CALLEJERO

Todos los días lo veía allí, tirado en la calle, pidiendo comida o algo para taparse aquellas noches frías. Llegó el día en que me acerqué a él y nos empezamos a conocer. 
Era de las mejoras personas que había conocido. Entonces, decidí ayudarle a que cambiara su vida. Le di comida y le ofrecí mi casa. 
Jamás me arrepentiré: es el amor de mi vida. 
Sara




FINAL



Aunque lo meditó durante mucho tiempo, lo primero que hizo al entrar a casa fue tomarse sus pastillas. Después se puso cómodo: chimenea, música de Miles Davis... Tumbado en el sofá, miró con nostalgia la foto de su mujer y sus dos hijos. Finalmente, cerró los ojos. 
Adrián C. 




LA ESPERA 

Sentado en un banco se hallaba aquel hombre, leyendo su periódico, mientras esperaba a su amada. Se retrasaba mucho. Al rato miró el reloj, su amada no aparecia. Pasó la página y vio a su mujer en el suelo: "Mujer atropellada de madrugada", era el titular de la noticia. El hombre se derrumbó. Todos los días vuelve a recordarla. 
Nacho M. 




A.T.U.P.

Solo por sus andares ya se sabía qué clase de persona era. Aún así, ella la siguió. 
Emina P. 





PARA SEGUIR LEYENDO Y DISFRUTANDO DE LOS MICRORELATOS EN LA WEB:
Breve antología de microcuentos en Materiales de Lengua
Guía incompleta del microrrelato en el blog de Leer.es


1 de febrero de 2012

La conjura de las palabras: el diccionario y la gramática patas arriba

No puedo resistirme a guardarme en el cajón el maravilloso cuento de Benito Pérez Galdós "La conjuración de las palabras", incluido en su obra Torquemada en la hoguera. Ahora mismo, no me acuerdo como lo descubrí, pero lo que si que es verdad, aunque quizá no sea la mejor ejemplo de la labor literaria de don Benito, es que ofrece una maravillosa visión y definición de las palabras, de su naturaleza, de sus diferentes clases, de su uso y de su vida. La intención de Galdós en este cuento, como os imaginaréis, no es enseñar gramática, pero eso es otra historia...
Os ofrezco aquí la parte que describe ese singular ejército de palabras que se rebela en ese gran edificio llamado Diccionario. Para leerlo entero y encontrar la historia que nos quería contar Galdós,  pinchad en la imagen.

[…] Una mañana sintiose gran ruido de voces, patadas, choque de armas, roce de vestidos, llamamientos y relinchos, como si un numeroso ejército se levantara y vistiese a toda prisa, apercibiéndose para una tremenda batalla. Y a la verdad, cosa de guerra debía de ser, porque a poco rato salieron todas o casi todas las palabras del Diccionario, con fuertes y relucientes armas, formando un escuadrón tan grande que no cupiera en la misma Biblioteca Nacional. […]
Magnífico y sorprendente era el espectáculo que este ejército presentaba […].
Delante marchaban unos heraldos llamados Artículos, vestidos con magníficas dalmáticas y cotas de finísimo acero: no llevaban armas, y sí los escudos de sus señores los Sustantivos, que venían un poco más atrás. Éstos, en número casi infinito, eran tan vistosos y gallardos que daba gozo verlos. […]
Junto a los Sustantivos marchaban los Pronombres, que iban a pie y delante, llevando la brida de los caballos, o detrás, sosteniendo la cola del vestido de sus amos, ya guiándoles a guisa de lazarillos, ya dándoles el brazo para sostén de sus flacos cuerpos, porque, sea dicho de paso, también había Sustantivos muy valetudinarios y decrépitos, y algunos parecían próximos a morir. […]
Detrás venían los Adjetivos, todos a pie; y eran como servidores o satélites de los Sustantivos, porque formaban al lado de ellos, atendiendo a sus órdenes para obedecerlas. Era cosa sabida que ningún caballero Sustantivo podía hacer cosa derecha sin el auxilio, de un buen escudero de la honrada familia de los Adjetivos; pero éstos, a pesar de la fuerza y significación que prestaban a sus amos, no valían solos ni un ardite, y se aniquilaban completamente en cuanto quedaban solos. […]
Como a diez varas de distancia venían los Verbos, que eran unos señores de lo más extraño y maravilloso que puede concebir la fantasía.

No es posible decir su sexo, ni medir su estatura, ni pintar sus facciones, ni contar su edad, ni describirlos con precisión y exactitud. Basta saber que se movían mucho y a todos lados, y tan pronto iban hacia atrás como hacia delante, y se juntaban dos para andar emparejados. Lo cierto del caso[…]es que sin los tales personajes no se hacía cosa a derechas en aquella República, y, si bien los Sustantivos eran muy útiles, no podían hacer nada por sí, y eran como instrumentos ciegos cuando algún señor Verbo no los dirigía. Tras éstos venían los Adverbios, que tenían cataduras de pinches de cocina; como que su oficio era prepararles la comida a los Verbos y servirles en todo. Es fama que eran parientes de los Adjetivos, como lo acreditaban viejísimos pergaminos genealógicos, y aun había Adjetivos que desempeñaban en comisión la plaza de Adverbios, para lo cual bastaba ponerles una cola o falda que, decía: mente.

Las Preposiciones, eran enanas; y más, que personas parecían cosas, moviéndose iban junto a los Sustantivos para llevar recado a algún Verbo, o viceversa. Las Conjunciones andaban por todos lados metiendo bulla; y una de ellas especialmente, llamada que, era el mismo enemigo y a todos los tenía revueltos y alborotados, porque indisponía a un señor Sustantivo con un señor Verbo, y a veces trastornaba lo que éste decía, variando completamente el sentido. […]